Podemos definir la oseointegración de un implante dental como el proceso en el cual se produce una sólida unión o cicatrización entre el implante dental y el hueso del paciente.

El proceso de oseointegración no es inherente sólo al campo de los implantes dentales, y aunque sea un término que parece que lleva con nosotros muchos años en realidad se descubrió en el año 1952, y no fue hasta esa fecha y gracias a este fortuito descubrimiento, el desarrollo que ha sufrido la implantología en el ámbito dental a lo largo de los últimos años.

¿Cómo es el proceso de oseointegración?

Cuando un paciente ha decidido realizarse un implante dental, el odontólogo deberá examinar los factores que permitirán una correcta oseointegración contemplando varios aspectos clave:

  1. La estructura ósea. Debido a que el paciente ha pasado suficiente tiempo sin diente el implantólogo deberá cerciorarse de que no se ha producido una disminución en la cantidad de hueso. Si se ha producido una reabsorción ósea, previamente será necesario realizar un injerto de hueso con el objetivo de que el implante se fije correctamente en la mandíbula del paciente.
  2. Cantidad de espacio disponible. El hueco que se produce tras la extracción de un diente es diferente dependiendo del tipo de pieza extraída, ya que no ocupa el mismo espacio un molar que un canino, por ejemplo. El por este motivo por el que cuando hay que sustituir un molar tendremos que dejar que pase tiempo para que se regenere parte de ese hueso y que cuando se introduzca el implante se produzca una correcta oseointegración.
  3. Infecciones. Si se ha extraído una pieza dental motivada por una infección el implantólogo deberá limpiar correctamente toda la zona afectada para que no se produzcan problemas en la oseointegración y que así el implante no fracase.
  4. Tamaño, tipo y posición del implante. El doctor deberá realizar un TAC que ofrezca una información certera para la posterior cirugía.
  5. Historia clínica del paciente. Debemos conocer si el paciente tiene alergias, algún tipo de patología crónica, problemas de coagulación o si toma medicamentos de forma frecuente.

Una vez comprobados todos estos factores y que se presentan unas condiciones óptimas para realizar la cirugía, llevaremos a cabo el implante dental que nos llevará al comienzo del proceso de oseointegración.

Cuánto tiempo dura la oseointegración

El tiempo idóneo que consideramos para que un implante oseointegre es de tres meses. Se sabe que pasadas tres o cuatro semanas tras haber colocado el implante no existen aún señales que nos indiquen que este proceso haya comenzado.

Es ya a los 2 meses cuando comienza a apreciarse un contacto entre el hueso y el implante. Y a los 3 meses es cuando el hueso del paciente y el implante se integran para constituir una pieza sólida que sustituirá al diente perdido.

A partir de ese momento es cuando ya podremos colocar la corona dando por finalizado el tratamiento y devolviéndole tanto al paciente su funcionalidad estética como la oclusal a la pieza dental.

El éxito del proceso de oseointegración es muy alto, de un 97,5%, fruto en parte a la buena planificación a la hora de analizar las causas que nos van a permitir realizar un tratamiento exitoso, no obstante, existen algunos factores que pueden hacer que el proceso de cicatrización fracase.

Factores que influyen en el fracaso de la oseointegración de los implantes dentales

Hemos dicho el porcentaje de éxito es altísimo pero conviene repasar algunos factores que podrían complicar este proceso:

  1. Paciente fumador. El tabaco es el mayor inconveniente y el factor que provoca mayores índices de fracaso en la oseointegración del implante. La nicotina ralentiza el proceso de cicatrización e incluso podría provocar infecciones, y es por eso por lo que desde Odontoestetic Clínica dental recomendamos al paciente fumador que deje el tabaco 2 semanas antes de la intervención y unas 8 semanas tras la colocación del implante.
  2. Paciente con diabetes. El principal problema que puede provocar la diabetes en un proceso de oseointegración correcto son las infecciones, especialmente en pacientes que no tengan bien controlada la enfermedad.
  3. La higiene. Malos hábitos de higiene dental ya provocan de por sí enfermedades como la periodontitis o gingivitis que ponen en peligro la salud de nuestros dientes. En el caso de los implantes una mala higiene bucal podría provocar enfermedades como la mucositis perimplantaria o la perimplantitis. Cuando esto ocurre ya no solo hablamos solo de un problema de oseointegración, sino también de la supervivencia del implante.

Tras un implante dental, en nuestra clínica realizamos un seguimiento periódico del proceso de oseointegración con revisiones rutinarias que nos ayudan a prevenir posibles complicaciones y permiten culminar con éxito el tratamiento.