Esta frase ha sido pronunciada en algún momento por una de cada dos personas mayores de 45 años, y a medida que cumplimos años la probabilidad de que esto suceda es mayor. En la actualidad ante la falta de piezas dentarias la mejor opción es la rehabilitación oral mediante implantes dentales. Es cierto que existen otras opciones, como las prótesis removible o los puentes, sin embargo estas soluciones no evitan la perdida de hueso, o la lesión de dientes adyacentes.

Cortar, masticar, desgarrar, triturar y moler son algunas de las funciones de nuestros dientes, pero también la presencia de unos dientes bonitos y naturales son nuestra tarjeta de presentación. Los dientes bonitos nos transmiten seguridad, confianza, belleza, sirven para comunicarnos y sobre todo muestran salud.

El implante dental es un dispositivo de titanio, con una superficie tratada, que es colocado en el hueso maxilar para sustituir las raíces de los dientes perdidos. El desarrollo de la implantología ha provocado la aparición de múltiples tipos de implantes, lo que a través de la investigación y la comprensión de los conceptos biológicos han hecho aparecer implantes dentales de una calidad excelente. Ahora bien, desgraciadamente esto también ha provocado exactamente lo contrario, disminuyendo la calidad de algunos implantes, para convertirlos en un mero asunto comercial.

Hoy en día, prácticamente no existen contraindicaciones para su colocación. El obstáculo más frecuente al que nos enfrentamos los cirujanos orales y maxilofaciales en el campo de la implantología es la ausencia de hueso, la cual puede ser solventada en la mayoría de los casos mediante técnicas de regeneración ósea utilizando biomateriales y factores de crecimiento, obtenidos de la sangre del propio paciente, también podemos optar por la colocación de implantes zigomáticos sin necesidad de regeneración ósea. En otros casos el problema es la falta de encía, la cual se puede solucionar mediante sencillas técnicas de injertos de tejido conectivo, con lo que logramos un mayor volumen en la encía , dando mayor naturalidad al diente. En los últimos años, los criterios de éxito de un implante dental han cambiado desde únicamente la osteointegración (el implante se integra en el hueso quedando fijo) a sumarse la estética y la naturalidad.

Otro de los problemas es la fobia al sillón dental, trastorno que se encuentra en el 15% de la población general. El miedo al sillón dental evita que muchas personas no puedan mejorar su calidad de vida, con la rehabilitación oral, lo que les convierte en “inválidos orales”, perdiendo no solo función y estética sino también calidad de vida. La sedación consciente, tan extendida en países del norte de Europa y EEUU, evita en gran medida esa sensación desagradable, convirtiéndose en una experiencia positiva.

Una vez se coloca el implante y el paciente es rehabilitado con su prótesis es fundamental su mantenimiento el cual tiene una relación directa con el éxito del implante a largo plazo. Las diferencias entre las características biológicas de un diente y un implante hacen más susceptible a los implantes dentales a la inflamación y a la pérdida ósea en presencia de placa bacteriana. Si no se actúa en eliminar la placa bacteriana con métodos mecánicos o químicos corremos mayor riesgo de fracaso del implante dental. Son necesarias las revisiones frecuentes después de la colocación del implante y las restauraciones para evaluar y establecer unas buenas medidas de higiene oral después del tratamiento. Las visitas de revisión sirven también para detectar problemas potenciales y actuar cuanto antes.